Del modelo es contra entrega
Y contra entrega significa que despachar es dar un crédito. Ese crédito no se cobra hasta que el cliente recibe.
Kevin López cerró el segundo día con la idea que más duele del bootcamp: la venta no termina cuando el cliente te da sus datos. Termina cuando abre la puerta y paga. Y en medio hay una segunda venta que casi nadie está haciendo.
Revisadas sus 9 láminas, la grabación completa transcrita, y las capturas de mensajes reales que llevaba dentro de la presentación como imágenes. Esas capturas son lo mejor que trajo y por eso van aquí transcritas.
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Y contra entrega significa que despachar es dar un crédito. Ese crédito no se cobra hasta que el cliente recibe.
Después de darte sus datos: recordar que compró, tener el dinero, contestarle al transportador, no arrepentirse.
Reescribir las plantillas de seguimiento. Mismo estado logístico, mismo costo, negocio distinto.
Kevin abrió preguntándole al público dos cosas. La segunda dejó la sala en silencio: “¿cuántos de ustedes siguen vendiéndole al cliente hasta que recibe el producto?”. Las respuestas que leyó en voz alta fueron “no le hago seguimiento”, “hasta ahí llego”, “no sé cómo seguirle vendiendo”.
“Estamos en un modelo donde el 98 % es pago contra entrega. Y si es contra entrega, estamos vendiendo a crédito. Cuando usted despacha, le está dando un crédito a una persona, y ese crédito no se paga hasta que el cliente recibe el producto.”
Kevin López“No nos dejemos aumentar el ego por los números bonitos que veamos en el administrador de anuncios o en los datos completados. Ahí todavía no ha pasado nada: hemos gestionado un lead. Después del despacho el proceso sigue siendo de enamoramiento.”
Kevin LópezY le puso nombre técnico a lo que pasa en la cabeza del cliente en ese hueco: disonancia postcompra. El “¿habré comprado bien?”, “¿será una estafa?”, “¿sí llegará?”, “¿para qué compré esto?” que aparece justo después de decir que sí.
Su primera advertencia, y la repitió cuatro veces: lo que enseñó ese día no se hace antes de tiempo. La secuencia importa.
Esquema 1 — optimizar antes de validar es perfeccionar algo que aún no sabes si sirve.
Cada vez que Dropi cambia el estado de un pedido, se dispara una plantilla. Casi todo el mundo usa las que vienen puestas. Kevin preguntó en vivo cuántos las habían personalizado, y la mayoría respondió que no — varios ni sabían que se podía.
Este es el mismo momento del pedido, escrito de dos maneras. Es su ejemplo real, transcrito de las capturas que llevaba.
“Hola. Tu guía de envío ha sido generada: #… Puedes hacer el seguimiento de tu pedido en la página de la transportadora, donde podrás ver su ubicación y el tiempo estimado de entrega. En caso de requerir consultar el detalle del envío, puedes utilizar el botón disponible en este mensaje.”
“Hola Mariana. ¡Buenas noticias! Tu pedido ya fue entregado a la transportadora y desde ahora comienza la cuenta regresiva para que empieces a consentir tu rostro como la reina que eres. Te voy a confesar algo, corazón: cuando lo pruebes y veas el cambio en tu piel desde la primera aplicación, vas a entender por qué tantas mujeres se enamoran de este producto. Y recuerda: si tienes cualquier duda, aquí estaré acompañándote por este chat.”
Tres cosas, y ninguna es adorno. Aspiración: le devuelve lo que quiere conseguir, no el número de guía. Microprueba social: “por qué tantas mujeres se enamoran” valida la decisión que acaba de tomar. Acompañamiento: “aquí estaré”, que es lo que mata la sensación de haberle dado los datos a un desconocido.
Y lo mismo en el estado de reparto, donde ya no se busca emoción sino que la persona esté lista. Su plantilla refuerza tres cosas que las genéricas no dicen: estar pendiente de las llamadas, del WhatsApp y del timbre, y tener el dinero disponible. Cierra regalando una guía en PDF, que es reciprocidad pura: le das algo antes de que él te pague.
Su segunda recomendación es la más barata de todas y casi nadie la usa: pídele al proveedor un video de cómo empaca, y mándalo automáticamente en cuanto el cliente confirma los datos.
Deja de sentirse como una compra abstracta hecha por WhatsApp.
Se ve que hay una bodega, un equipo, manos. Hay una empresa real detrás.
Cuando llega el transportador, ya sabe qué paquete espera. No tiene que descubrirlo en la puerta.
El “si no me deja abrirlo, no lo recibo”. El cliente que no sabe qué le va a llegar desconfía en la puerta, justo en el momento en que tiene que pagar. Si ya vio cómo se empacó, esa conversación no ocurre.
Textual: “no se ponga a molestar al proveedor con mándeme esto y mándeme este otro video, y al final no le vendió ni un pedido”. Se pide después de validar. Perder el tiempo del proveedor también cuesta.
Kevin explicó el mecanismo porque varios preguntaron cómo se automatiza: Dropi le avisa a Chatea cada vez que un pedido cambia de estado, y cada estado tiene su plantilla asignada.
Esquema 2 — por eso reescribir las plantillas es todo el trabajo: el disparo ya está montado.
Le preguntaron si conviene subir los pedidos a Dropi manual o automáticamente. Su respuesta: si filtras antes y solo subes los buenos, pierdes la tasa de cancelación. Si mandas todo y cancelas allá, de 100 que entraron sabes que despachaste 90 y que tu cancelación es del 10 %. Sin eso, ese número no existe.
Aviso de intento de cancelación y de quiero hablar con un asesor. Son los dos momentos en los que todavía se puede rescatar el pedido, y sin aviso pasan en silencio.
Sumar una segunda oferta dentro de la conversación. El cliente ya dijo que sí: es el momento más barato de subir el ticket.
La infraestructura de producto dentro de la propia herramienta, para no depender de una tienda aparte.
Operador completo, con tiendas activas en dos países y más de 150 ventas diarias en promedio. Su terreno son los embudos sin fricción y los prompts tan afinados que la IA cierra sola. Trabaja con marca propia además de catálogo, y lo que enseña lo tiene corriendo en su propia operación.